Uno pensaría que lo sabría en el momento en que su sistema nervioso comenzara a desmantelarse.
Suena lógico. Pero a miles de personas les lleva años (o décadas) obtener un diagnóstico adecuado de esclerosis múltiple (EM). La enfermedad se esconde a simple vista.
Ahora, una nueva investigación sugiere una línea de tiempo más oscura.
Los síntomas sutiles pueden estar presentes hasta 15 años antes del diagnóstico de esclerosis múltiple.
Si se pregunta si esos estallidos aleatorios de fatiga o ese extraño dolor en los ojos son solo vida o algo más grande, este estudio ofrece una visión aterradora de la fase presintomática. Los hallazgos provienen de un análisis de JAMA Network Open que examinó casi 2000 registros médicos en Columbia Británica.
La cronología del declive
Los datos revelan un claro patrón de escalada.
Las personas que finalmente recibieron un diagnóstico de EM no se enfermaron de repente. Ya llevaban más de una década interactuando con el sistema sanitario.
Así es como se desglosa esa línea de tiempo:
- Dentro de 15 años: Las visitas a los médicos de cabecera aumentan. La fatiga, el dolor, los mareos, la ansiedad y la depresión impulsan las citas.
- Dentro de 12 años: Las visitas a psiquiatría se vuelven más frecuentes.
- Dentro de 8 a 9 años: Los neurólogos y oftalmólogos atienden a más pacientes. Esto se alinea con la visión borrosa o el dolor ocular: señales de alerta tempranas.
- Dentro de 3 a 5 años: Las visitas a emergencias y las citas de radiología aumentan significativamente.
- 1 año de espera: Un aluvión de especialistas. Medicina de emergencia, neurología, radiología, lo que sea.
“Es posible que la EM haya comenzado antes de lo que se pensaba”, concluyeron los investigadores.
La enfermedad ya está atacando. El cuerpo simplemente no lo ha marcado como la causa todavía.
Por qué es tan difícil precisar
La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmune. El sistema inmunológico ataca la cubierta protectora de las fibras nerviosas: la vaina de mielina.
Esto provoca inflamación en todo el sistema nervioso.
“No siempre es dramático”, explica Amit Sachdev, MD, director médico de neurología de la Universidad Estatal de Michigan. “Con un exceso de inflamación, el cuerpo se siente generalmente disfuncional”.
Te sientes fatal. No específicamente enfermo, sólo… apagado.
Este agotamiento inespecífico es una pesadilla para el diagnóstico.
El Dr. Clifford Segil, neurólogo del Centro de Salud Providence Saint John’s, señala que síntomas como el dolor y los cambios de humor rara vez están relacionados con la EM hasta después de que se confirma el diagnóstico. Son demasiado comunes. Demasiado vago.
“Para gestionar la salud es necesario comenzar con una sola observación o inquietud que le moleste.”
— Amit Sachdev
Los médicos luchan porque estos síntomas se superponen con todo. Estrés. Falta de sueño. Deficiencia de vitaminas. Otro trastorno autoinmune.
¿Cómo se puede diferenciar cuando el sistema inmunológico funciona a toda máquina?
¿Qué debes hacer?
Primero: deja de asumir que tienes EM porque estás cansado.
Los médicos advierten contra sacar conclusiones precipitadas basándose únicamente en la fatiga o cambios leves de humor. Es una exageración.
Pero tampoco ignore los síntomas persistentes.
Si algo parece estar mal, vale la pena investigarlo. El objetivo no es el autodiagnóstico. Es coherencia en el cuidado.
Comience con un síntoma molesto. Encuentre un proveedor que escuche. Concéntrese en ese tema específico.
El diagnóstico de EM rara vez se produce en un único momento de “ajá”. A menudo es un rastro de migas de pan que sólo reconoces en retrospectiva.
Tu salud es personal. Es complicado. Y a veces, se necesitan 15 años de estar “apagado” para darse cuenta de que el reloj estuvo corriendo todo el tiempo.
¿Esa paranoia te mantiene despierto?
Tal vez.
Pero ignorar la señal no es una opción. Siguelo. Documentarlo. Tráelo a colación.
Porque el cuerpo suele hablar primero. Depende de usted escuchar.





























