Cómo la cuarta temporada de Ted Lasso aborda las disparidades en el fútbol femenino

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Ha pasado un tiempo desde la última vez que Ted Lasso habló. Durante tres temporadas, el afable entrenador de Jason Sudeikis persiguió un sueño imposible. Convirtió el barco que se hundía, el AFC Richmond, en un aspirante a la Premier League. Se sintió como magia. Luego, llega la cuarta temporada con un giro que es menos mágico y más confuso.

Ted está tomando el mando de un equipo femenino.

La fecha está fijada. El estreno se realizará el 5 de agosto en Apple TV. ¿Pero lo que está en juego? Son complicados. No se trata sólo de ganar partidos. Se trata de enfrentar un sistema que no ha alcanzado al siglo XXI. La prohibición del fútbol femenino en el Reino Unido se levantó hace casi sesenta años. Entonces, ¿por qué siguen siendo tan amplias las diferencias entre las ligas masculina y femenina?

Brechas de financiación y política de vestuario

La disparidad no es sutil. Juno Temple, que interpreta a la directora de marketing Keeley Jones, no se anda con rodeos.

“Los equipos femeninos no tienen el mismo seguimiento que los equipos masculinos. No tienen la financiación. Creo que la gente todavía puede ser bastante mordaz”.

Temple espera que el programa cambie la cultura. Es aburrido odiar algo. No tiene sentido enojarse con estructuras que no se doblan a menos que las rompas. La narrativa trae esto a casa. Fuera del terreno de juego, el equipo se agita. Necesitan un vestuario adecuado. Necesitan cuidado de niños. Porque cuando una madre se ata los zapatos, su vida no se detiene.

La dirección también se ve arrastrada al barro. Rebecca Welton, de Hannah Waddingham, es propietaria del club. Pero la propiedad no compra la aceptación ciega. La nueva entrenadora asistente Alice Chilton (interpretada por Tanya Reynolds) desafía la visión del mundo de Rebecca. Waddingham admite que tuvo que resolver los puntos ciegos de su propio personaje.

Rebecca se cree feminista. El programa sugiere que ella es más bien producto de su educación. Es una comprensión incómoda. Waddingham disfrutó manejando esa tensión. Tenía que descubrirlo mientras lo jugaba.

La realidad financiera de una nueva era

Jeremy Swift conoce el libro de contabilidad mejor que nadie. Su personaje, Leslie Higgins, dirige las operaciones. Él ve las hojas de cálculo. Y las hojas de cálculo son aterradoras.

Los preparativos para una plantilla femenina se han estado gestando desde hace tres años. La ansiedad de Leslie no tiene que ver con el talento. Se trata de credibilidad financiera. ¿Puede el club permitirse esto? No sólo el nuevo equipo. Pero el equipo masculino también. Si el lado femenino pierde dinero, ¿se hunde toda la organización? Swift resalta esa preocupación. Es el peso del mundo sobre un tipo que sólo quiere que la ropa esté a la altura.

Waddingham califica el tono de la nueva temporada de “rudente”. Eso encaja. No está pulido. Está crudo. Los nuevos miembros del elenco, específicamente las jugadoras del equipo femenino, son vulnerables. No ocultan sus recelos. Muestran sus capas.

Tres temporadas después, el programa encontró su ritmo al hacer que todos fueran tridimensionales. Los nuevos episodios continúan ese arco. El equipo femenino no es una trama secundaria de mascotas. Están plenamente realizados. Sus vulnerabilidades coinciden por igual con el elenco existente. Rápidamente.

¿Sabe Ted cómo entrenar a mujeres de manera diferente que a los hombres? Probablemente no. Ese es el punto. El desafío no es táctico. Es estructural. Es cultural.

Apple TV comienza a transmitir los nuevos episodios el 5 de agosto. La pregunta que flota en el aire no es si Richmond ganará. Se trata de si cambiarán algo cuando pierdan. Los bordes son afilados. La realidad es dura. Y la pelota está rodando.